miércoles, 13 de mayo de 2009

ESPERANDO NADA


"Esperando nada" es el título de una gran canción, mi preferida, de uno de los genios de la llamada "movida española", esa explosión multicolor de vida que llegó tras la muerte del dictador. El dictador todo sabemos, por desgracia, quién fue. El genio al que me refería es Antonio Vega. Ayer murió.
Deja tras de sí una infinidad de letras maravillosas a veces no demasiado bien vestidas por la música. Entre todas ellas destaco esta, Esperando nada. No sé si es la mejor, eso siempre es subjetivo, pero a mí me parece una intimista y maravillosa canción de cuatro minutos para escuchar una vez detrás de otra. Pero es que las letras de este "señor de la música" tienen una intención distinta dependiendo de tu própio estado de ánimo. Eso es lo que la hace diferente, genial, pesimista y optimista a la vez.
Aqui os dejo el link de youtube de uno de sus últimos conciertos, en uno de los cuales, hace dos meses, estuve yo. Se tenía a duras penas de pie. La heroina convivió con él toda la vida, y digo convivió porque no es ella la que lo ha matado. Quizás la tristeza, como al gran Enrique Urquijo hace unos años, es la que se lo ha llevado. Y él, creo yo, se ha dejado por fin.
Te estaré agradecido toda mi vida porque tu música forma parte de ella.
Gracias, Antonio Vega.

http://www.youtube.com/watch?v=ool4KDYEuEY&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=XAFk817a67g&feature=related

Este segundo link es de su concierto en el pueblo donde vivo, hace justo dos meses.

lunes, 11 de mayo de 2009

Este poema que os pongo a los posibles lectores del blog me la envió hace ya unos años un amigo mexicano, director de cine en ciernes,natutal de Tepic, en el mexicano estado de Nayarit, como el poeta. Estaba orgulloso de la poesía, y como otras cosas, quiso compartirla conmigo. Espero que os guste. Por cierto, mi amigo se llama Sergio Tovar Velarde. Su blog es www.elastronauta.net

EN PAZ

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

AMADO NERVO

Porfirogeneta

No todos los días podemos construir una amistad infinita, pero cada día debemos intentar comenzar una verdadera amistad con la que satisfacer los anhelos de los amigos, ¿amigos?, perdidos en el camino de la vida. Así se escribe la historia de cada persona, su verdad y su capacidad de generar sus propios acontecimientos que en realidad es lo que les hará felices y humanos.
Todo comienza una tarde de verano delante del ordenador, la denostada pantalla cuadrangular que nos hace descubrir el mundo desde casa, desde una silla de ruedas amiga con la que poder llegar más rápidamente a la botella de agua para calmar nuestra sed física, con la que desconectar por unos segundos y pensar una respuesta mientras que nos refresca la garganta y el alma de la siguiente frase que hemos de escribir a nuestro interlocutor válido de detrás de la pantalla, alguien que siente como nosotros un posible desasosiego terrenal.
Se descubren tras este aparato mundos hasta ahora desconocidos que en un principio nos llegan de una manera extraña. Alguna persona tras el cristal nos contesta frases que quizás son las que queremos escuchar en boca de otra gente más cercana, pero que en el cara a cara llenan su boca de vergüenza que los hace callar unos sentimientos a flor de piel. Es triste y desgraciado el que es incapaz de decirle a la otra persona todo lo que desea que sepa , todo lo que siente en su interior, esas tormentas desatadas con rayos de sentimientos y relámpagos de miradas, lágrimas interiores que hacen que se inunde su propio corazón y acabe siendo inservible para el resto de su existencia. Estos son los mismos que siempre están dispuestos a escuchar, pero no a decir.
No todos podemos, queremos o sabemos administrar las frases con las que mantener en esa eterna duda del si sí o del si no, crear esa tensión que mantiene despierto al compañero de nuestra relación, crearle límites de vacío mental que le haga mantener la inseguridad y la llama, eterna llama de eso a lo que llaman amor. Siempre he preferido la amistad, pero no cualquier amistad, sino la amistad desinteresadamente interesada, el utilizar la amistad como trampolín para alcanzar otras metas, otras aguas más profundas dado que el salto puede ser más alto, y posiblemente el siempre presente porrazo emocional sea también mayor. Esa posibilidad nos hace más precavidos a veces, pero ello nos hace perder la frescura en la palabra y el hecho. Triste es esto. Triste es cuando se piensa en exceso la próxima frase, cuando antes de decir nada ya hemos medido las consecuencias. Triste es no haber dicho lo que queríamos decir o no haber hecho lo que queríamos hacer. Pero no es triste sólo para una persona, sino para las dos personas implicadas en el conflicto: una porque siempre se arrepentirá de haber tenido miedo en la hora de la verdad, y la otra porque nunca sabrá, y eso es muy triste, lo que la otra persona quería decirle de todo corazón.
El ser humano, cuanto más humanizado está, más pierde su instinto, pierde su pensamiento abstracto, todo lo lleva a realidades concretas, a racionalizaciones profundas que a veces, casi siempre, no tienen nada que ver con la humanidad de la persona. Al perder esa frescura del callar o del no decir para que no piensen qué, ha perdido una parte muy importante de su personalidad, quizás la parte que ha hecho más humanos a los humanos. No es el instinto de supervivencia, que este lo tienen todos los animales, sino el instinto de decir “te quiero”sin pensar en las consecuencias, sin mirar alrededor, sino simplemente mirando a los ojos a la persona que se le dice, que en ese momento es lo único importante que hay a nuestro alrededor.
De un tiempo a esta parte, todo parece derrumbarse a mi alrededor; no sé, quizás sea una visión algo parcial de una situación que yo me he ganado a pulso. He encontrado nuevos amigos en el camino. Bueno, más que encontrarlos, los he buscado. Y juro que la búsqueda ha merecido la pena . Yo, en mi soledad, no sabía que podía existir este tipo de gente, unas personas que me han dado mucho más de lo que yo nunca hubiera imaginado, y en un tiempo récord. Eso ha animado una parte de mí que estaba inoculada del veneno del no querer conocer a nadie nuevo, creyendo que me bastaba con lo ya conocido. Nadie debe aferrarse eternamente sólo a lo que tiene, el mundo estás lleno de cosas y gentes que te pueden sorprender en el momento que menos se piensa. Hoy estoy alegre de haberme dejado seducir de nuevo por la amistad, una amistad íntegra y verdadera, con componentes que me hacen sentir como nunca.
A veces he dudado de un amigo porque he estado tiempo sin saber de él. Jamás volveré a hacerlo, porque era un amigo de verdad, y cuando lo he necesitado, ha estado, ha aparecido, y con ello he descubierto que no todo es el que te estén baboseando continuamente, el estar encima, sino simplemente el estar, que es en realidad lo que acaba teniendo valor.
Ciertos días, muchos, quizás no hubiera sido necesario levantarse de la cama sabiendo lo que nos esperaba en esta jungla. Algo pesimista puede parecer el sentido de esta frase, pero no es del todo correcto. Muchas veces entendemos mejor las cosas desde una cama, desde una habitación, ese micromundo que nos creamos en nuestras horas de soledad, cuando en verdad nos reencontramos con nosotros mismos, cuando nos visita esa pequeña soledad de cada día, ese momento mágico que nos hace mirar hacia nuestro interior y ver nuestras alegrías, nuestras penas, nuestras miserias, todo lo que forma parte nuestra y que rodeados de gente, amigos o no, no nos paramos a mirar. Ese momento de reflexión, de análisis de lo sucedido en nuestro entorno interno, de si ha merecido la pena lo realizado. Es uno de los momentos, si no el momento, en el que la persona es eso: PERSONA.
Pero volvamos a la realidad. No siempre podemos estar escondidos en una cama. Además, no hemos de escondernos de nadie, menos de nosotros mismos. Hay que zafarse cada día con el mundo que hay fuera porque ese mundo también nos espera a nosotros: formamos parte de él y él forma parte nuestra. Si, sé que es duro; todos sabemos que es duro. Sin embargo hay una parte buena, diferente para cada uno, que es lo que hay que buscar o al menos intentarlo. Supongo que si se encuentra será lo más parecido a eso que llaman felicidad.
¿Qué es, sino la felicidad, lo que vamos buscando cada día?. Cierto es que la cantidad de trabas a veces se hacen montañas que sin duda debemos escalar, a veces con gran esfuerzo, para que cada día nos quede menos para la cumbre. Son muchos los que nunca llegan, muchos los que la rozan, e incluso los hay que han llegado. He visto caras henchidas de felicidad por cosas que a mí me parecieron nimiedades. Pero cada persona elige la cima a la que quiere subir, más o menos alta, y nadie puede menospreciar la altura de ese deseo., porque el deseo no tiene medida y llegar a tener un momento de felicidad absoluta, conseguir ese clímax no tiene precio. El que desprecia a alguien por no entender su deseo es que ni siquiera conoce el suyo.
¿Y qué somos sin deseos, sin desear?.
El ser humano se arrastra a golpes de pasión y deseo. Proceden del interior de la persona, de su instinto humano. Y eso es imparable incluso para el más cruel y cerebral. El deseo no tiene ley ni premisas. Surge de manera espontánea, de una realidad interna que muchas veces intentamos tapar, esconder, por miedo al ridículo.